Lisboa, antigua y señorial como siempre, ahora cobra un euro para ser visitada

LisboaEs posible que sea muy pretencioso intentar describir una ciudad, cualquiera sea, en apenas dos palabras. Aunque en el caso de Lisboa quizás encontremos una excepción al escuchar el estribillo del famoso fado de Amalia: “No volverás Lisboa antigua y señorial a ser morada feudal a tu esplendor real”. Esa Lisboa antigua y señorial, comenzará a cobrar un euro a los turistas que lleguen a visitarla, y otro euro más a quienes pasen la noche allí. Así lo ha decidido el ayuntamiento.

Contraste

Si uno llega en avión, en el propio aeropuerto le cobrarán el euro por ingresar a la ciudad, igual que si lo hiciera por el puerto. La primera impresión es un poco engañosa. Sin ser nada extraordinario el aeropuerto da una sensación de modernidad que nada tiene que ver con la ciudad. Esto es porque en 2006 se iniciaron obras para ampliar y mejorar sus instalaciones. Sin embargo apenas uno comienza el recorrido hacia el centro de la ciudad en el autobús 91 se choca con una imagen mucho más nostálgica y cautivante, esa que tiene que ver con el fado, los cafés típicos, las anchas calles y los tranvías.

Además de ser la capital de Portugal, Lisboa es la ciudad de mayor población del país con 600 mil habitantes. Entre enero y mayo de este año recibió un millón de turistas. Se calcula que con las nuevas tasas, que entrarán en vigor en forma escalonada en los próximos dos años, la ciudad recaudará 16 millones de euros al año. Así lo explica el gobierno socialista de la urbe, cuya idea fue duramente criticada por la oposición conservadora.

La ciudad está ubicada en la desembocadura del Río Tajo (Tejo en portugués). Cada barrio tiene su encanto. En la Baixa, en pleno centro, uno puede pasear por un entramado cuadricular de calles en las que se mezclan cafés y pastelerías típicos con modernas tiendas. Los viejos tranvías amarillos transportan a residentes y también a turistas que quizás no vayan a ningún sitio en particular; sólo viajan por el encanto de esos viejos vagones que suben y bajan por la ondulada topografía de la ciudad.

Allí mismo está ubicado el famoso elevador de Santa Justa, construido para conectar la parte baja de la ciudad con la parte alta, otrora necesario en una metrópolis con una superficie tan irregular.

Tiempo atrás

La historia de Lisboa nos remonta al Imperio romano. Pero sin dudas, la época dorada fue en los siglos XV y XVI, cuando Vasco da Gama y su tripulación navegaron alrededor de África y abrieron nuevas rutas comerciales con India, haciendo de Lisboa una de las capitales más ricas de Europa. Hacia el 1700 el oro y diamantes traídos de Brasil acrecentaron aun más el poderío económico de la ciudad.

Las marcas en los pilares de la Iglesia de Santo Domingo recuerdan el momento más duro que le ha tocado vivir a la ciudad. En el Día de Todos los Santos en 1755, mientras todos estaban en misa un terremoto azotó la capital portuguesa. La ciudad fue reconstruida por orden del Marqués de Pombal. El nuevo plano traería la distribución actual con avenidas anchas y plazas rectangulares.

Uno de los mayores atractivos de Lisboa es sin dudas el Castillo de San Jorge. Fue construido por los musulmanes provenientes del norte de África cuando conquistaron la región en el siglo IX. Luego de que el Rey Alfonoso Henriques venciera a los moros en el s. XII el castillo se convirtió en Palacio Real.

Siglos más tarde la Corona trasladó su residencia y la construcción comenzó a deteriorarse. Los terremotos lo dejaron prácticamente en ruinas. En 1940 el Gobierno portugués lo recuperó y hoy es posible visitarlo y disfrutar de una de las mejores vistas de la ciudad y del Tajo.

Al regresar del Castillo hacia la Baixa es recomendable visitar otro emblemático barrio: la Alfama. Es un conglomerado de pequeñas calles laberínticas, escaleras y casas donde todos parecen conocerse entre sí. Es internacionalmente conocido por los restaurantes típicos y por las locales de fado, la música popular de Portugal.

Café y poesía

Para los adictos al café una cita obligada es el Café A Brasileira, ubicado en el barrio de Chiado. En una zona de tiendas, librerías y casas de arte se ubica este café que guarda el ambiente de los años ‘20 y ’30, cuando poetas, artistas y pensadores se reunían allí. Como homenaje a todos ellos en la puerta del local se encuentra una estatua de Fernando Pessoa “contemplando” la terraza.

Siguiendo la ribera del Tajo hacia el oeste llegamos a Belém, un barrio con mucho encanto y dos perlas imperdibles: el Monasterio de los Jerónimos y la Torre de Belém. El Monasterio fue construido en el s. XVI para albergar a la orden de los Jerónimos. Tiene una imponente fachada de más de 300 metros, obedeciendo a un principio de horizontalidad que le confiere una fisonomía calma.

Cerca del Monasterio y sobre la costa del Tajo, adentrándose en las aguas, se erige la Torre de Belém, construida para proteger el puerto de Lisboa. Hoy es un símbolo de los viajes que hicieron a Portugal un reino rico y poderoso. En la ornamentación se pueden apreciar influencias orientales. En 1983 fue declarada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

En el otro extremo de la ciudad, en las proximidades de la Estación de Oriente, encontramos el Puente Vasco da Gama. Con 17,2 kilómetros de extensión es el más largo de Europa y el cuarto en el mundo. Está preparado para soportar un terremoto cuatro veces más fuerte que el de 1755. Junto al Parque de las Naciones, la Torre Vasco Da Gama y el Oceanario forman el conjunto de obras donde tuvo lugar la Exposición Mundial de 1988. Hoy configuran una de las zonas más modernas de la ciudad.

A menos de una hora de vuelo desde Madrid tenemos una ciudad para descubrir y regresar “obrigados” por su encanto y señorío. Pero recuerde, al vuelo y el hospedaje, debe añadirle un euro o dos, para tener el presupuesto exacto.

Plaza Financiera
Plaza Financiera
Plaza Financiera nos acerca una mirada independiente sobre el mercado, la economía en palabras sencillas, la política sin partidismos y las tendencias que están modificando nuestra sociedad.